Genética local con olor a hinojo, tomillo y rabos de gato

El Centro Tecnológico Agrario (ITAGRA), que tiene su sede en Palencia, apuesta por la genética local con el cultivo de hinojo, tomillo, siemprevivas, rabos de gato y otras plantas que crecen de forma silvestre y tienen gran valor ecológico, para extraerles rendimientos agrícolas y hortofrutícolas.

La polinización y la lucha de plagas, pero también la industria farmacéutica y cosmética, e incluso alimentaria, son algunos de esos nuevos destinos gracias a la genética local.

Son llamativas las estampas que dejan los campos de lavanda en julio en Brihuega (Guadalajara) y que poco a poco se van replicando en otros lugares de Castilla y León y de España donde el sector crece cada año.

Pero pocos saben que las especies vegetales de plantas aromáticas y medicinales (PAM) más cultivadas y utilizadas en el mercado español provienen principalmente de genética francesa, donde tienen un sector pujante apoyado en la I+D y en sus recursos endógenos.

Por eso, los enormes campos de lavandas, lavandín y tomillos que pintan el paisaje nacional, poco tienen de autóctono y provienen de Francia donde llevan años de adelanto: se importan las plantas de allí, los viveros están allí y el desarrollo de I+D también está en el país vecino.

"Es decir, estamos plantando genética de Francia y estamos despreciando la genética local, mas adaptada a nuestro entorno, y en algunos casos más interesante para la industria final que la francesa", asegura a EFE Jorge Miñón, ingeniero agrónomo y coordinador técnico y de I+D+i del Centro Tecnológico Agrario y Agroalimentario ITAGRA, ubicado en Palencia.

Sobre esta afirmación arranca el proyecto CIRVEPAM (Caracterización Integral de Recursos Vegetales Endógenos como cultivos de Plantas Aromáticas y Medicinales) en el que llevan trabajando más de dos años en el ITAGRA y que tiene como objetivo desencadenar una economía local vinculada a estos recursos vegetales endémicos y autóctonos que crecen en montes, bosques, riberas, páramos, montañas y valles sin que nadie les haga mucho caso.

Apuesta por las especies endógenas 

"Hemos trabajado una estructura de I+D+i para desarrollar y buscar especies endógenas destacadas por sus condiciones de adaptación al cultivo y por su valorización en uso y aplicación", explica a EFE, Virginia Ozcariz, una de las responsables del proyecto del ITAGRA, desarrollado junto a los investigadores Susana Luis y Álvaro Hernández.

Para empezar recogieron 55 plantas en distintos puntos de Castilla y León y seleccionaron una docena para aprender a cultivarlas, multiplicarlas y ver qué usos se les podría dar para generar actividad agrícola e industrial.

Han estudiado su modo de propagación, las han cultivado en invernadero y cámaras de cultivo, analizado en laboratorio y caracterizado los micronutrientes de cada una de ellas y sus compuestos.

Ahora, a falta de compilar los resultados, ya han confirmado que por rendimiento algunas, como el cantueso, se asemejan mucho a la lavanda y que la mayoría se darían muy bien en Castilla y León, especialmente la sideritis o rabo de gato, el helicrysum o siempreviva, o la rosa canina y el hinojo.

Todas tienen un gran valor fitoterapeutico: la salvia española como antiviral; la gayuba, antiséptica y diurética; el rabo de gato, cicatrizante, digestivo y antibacteriano; el cantueso, cicatrizante y antiséptico; la perpetua mediterránea, antioxidante; el rusco y la caléndula, antiinflamatorio; el lúpulo, sedante y estimulante del apetito; el escaramujo, antigripal, y así un largo etcétera.

La biodiversidad 

Pero hay otras formas de aprovechamiento. Más allá de la extracción de aceites esenciales destinados a la industria farmacéutica o cosmética, actualmente el principal uso de las Plantas Aromáticas y Medicinales, "también tienen mucho interés botánico porque generan una biodiversidad enorme", apunta Susana Luis.

De hecho, algunas como el agastache contribuyen a generar ecosistemas más amigables con los polinizadores, en pro de la fecundación de otros cultivos como las oleaginosas.

Otras, como la caléndula podría servir para tratar plagas en cultivos ecológicos, evitando el uso de herbicidas, y también tendría usos muy interesantes en horticultura, como insiste Ozcariz.

"Y es muy interesante el potencial que todas pueden tener para cumplir con los objetivos de la PAC, que establecen que más de un 10% de superficie cultivada debe estar formada por islas que generen biodiversidad”, continúa Susana Luis.

Precisamente, el siguiente paso va a ser la plantación de islas en una parcela de ensayo que tiene la Diputación de Palencia en Grijota. Pero mientras tanto, ya han dibujado un mapa de las zonas de Castilla y León donde estas plantas podrían tener un rendimiento más óptimo.

En Ponferrada o en la Sierra de la Culebra (Zamora) los suelos son aptos para el rusco, que también se podría dar en otras zonas de Salamanca, Palencia o León; mientras que la sideritis y el helicrysum son unas de las más aptas para cultivarse en cualquier suelo de la Comunidad, explica Álvaro Hernández.

"Se trata de utilizar todo el conocimiento y saber hacer agrícola e industrial que tenemos de la lavanda para replicarlo con estas plantas que son autóctonas", resume Ozcariz.

Con ello se busca diversificar los cultivos, mantener la riqueza biológica, generar ecosistemas más amigables con los polinizadores y dar nuevas iniciativas que estimulen los núcleos rurales

Fuente. Efeagro